embargo, es posible identificar algunos rasgos típicos en el viaje de los miles y miles de inmigrantes que llegaron a la Argentina. Diferentes personas, distintas nacionalidades, unieron sus historias en un itinerario común. Podía tratarse de un hombre joven de alguna aldea o pequeño pueblo de España o Italia que, por los cambios económicos que vivía Europa en esos años, tenía muy pocas posibilidades de trabajar en su región. O, tal vez, se trataba de un joven judío del Imperio Ruso o de un muchacho sirio-libanés del Imperio Turco, cansados de las persecuciones a las que los sometían sus gobiernos.
Fatigados por los problemas económicos o las persecuciones, estos jóvenes tomaban la decisión de buscar un futuro mejor viajando a América. Luego, algún empresario los convencía de las bondades de una nación ubicada al sur de Sudamérica, de la que, tal vez, nunca antes habían oído hablar. Este empresario le vendía al emigrante un pasaje barato en la tercera clase de uno de los barcos de vapor que, desde unos años antes, cruzaban con increíble rapidez el Atlántico. Entonces, el joven iniciaba su viaje con la ilusión de hacerse rico pronto o, como se decía en esa época, con el deseo de "hacer la América".
Al término de su viaje que, generalmente, se hacía en muy malas condiciones, llegaba al puerto de Buenos Aires. Aunque no faltó alguno que, confundido, bajara en Montevideo pensando que había llegado a la Argentina. En el puerto de Buenos Aires, pasaba unos días en el Hotel de Inmigrantes, donde regularizaba su situación e intentaba conseguir trabajo y alojamiento. Posiblemente, algún connacional o conocido, que había migrado antes que él, lo ayudaba.
Una vez que abandonaba el Hotel de Inmigrantes, los destinos posibles del recién llegado eran múltiples. Podía ir al campo en la zona del litoral mesopotámico o en la llanura pampeana para trabajar en las cosechas o para arrendar una parcela de tierra. O podía conseguir un trabajo en las ciudades que crecían al ritmo veloz del progreso económico.
Volver o quedarse
Los inmigrantes, generalmente, buscaban dos objetivos bien distintos. Unos llegaban para trabajar un tiempo, juntar dinero gracias a los sueldos altos que se pagaban en comparación con Europa, y luego regresaban a su país de origen. Otros llegaban con la intención de radicarse definitivamente para iniciar una nueva vida. Estos últimos, habitualmente, venían solos y trabajaban hasta ahorrar lo suficiente para pagar el pasaje de su familia. Además, las cartas que mandaban a los parientes y amigos en Europa también solían convencer a muchos de ellos de iniciar también la aventura de migrar.Los primeros años del inmigrante eran siempre muy duros. Sólo con el tiempo, algunos pudieron disponer de un modesto capital para instalar su propio taller, su comercio o su pequeña explotación rural. Otros trabajaron toda su vida sin lograr grandes mejoras en su posición. Muchos menos fueron los que amasaron grandes fortunas.
Nuevamente respondan cada uno en un comentario anteponiendo sus nombres para identificar a los autores.
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